Cada vez que terminaba de golpearme, comenzaba el ritual de siempre. Antiséptico. Un abrazo fingido. Un beso en la frente. —“No me dejes… No puedo vivir sin ti”. Me miré en el espejo y vi mi espalda cubierta de cicatrices sinuosas, como un monstruo aferrado a mi cuerpo. Pero esta vez era diferente… el teléfono debajo de mi almohada seguía grabando.
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Cada vez que terminaba de golpearme, comenzaba el ritual de siempre. Antiséptico. Un abrazo fingido. Un beso en la frente. —“No me dejes… No puedo vivir sin ti”. Me miré en el espejo y vi mi espalda cubierta de cicatrices sinuosas, como un monstruo aferrado a mi cuerpo. Pero esta vez era diferente… el teléfono debajo de mi almohada seguía grabando.

Cada vez que Álvaro terminaba de golpearme, comenzaba el ritual de siempre: antiséptico, un abrazo fingido … Cada vez que terminaba de golpearme, comenzaba el ritual de siempre. Antiséptico. Un abrazo fingido. Un beso en la frente. —“No me dejes… No puedo vivir sin ti”. Me miré en el espejo y vi mi espalda cubierta de cicatrices sinuosas, como un monstruo aferrado a mi cuerpo. Pero esta vez era diferente… el teléfono debajo de mi almohada seguía grabando.Read more